Los análisis de las obras de arte y la enseñanza de la historia. El caso Pedro Nel Gómez.
En la últimas décadas del siglo XX y en las dos siguientes del XXI la pintura se ha convertido en uno de los principales objetos de estudio para la historia y las demás ciencias sociales, caracterizándose por ahondar cada vez más en la utilización de herramientas teóricas y metodológicas relativamente nuevas, en especial para la historiografía colombiana, es así, como en la actualidad existen estudios históricos que implementan instrumentos de la lingüística, la antropología, la etnología, la filología, las comunicaciones y demás disciplinas que antes se disputaban el espacio académico con la historia, estas normalmente se creían contrarias en una relación que desde principios de los ochenta se ha transformado en una forma simbiótica en la que todas se ven beneficiadas por la profundidad de las conclusiones a las que se ha llegado, como por la ampliación de los campos de estudio en los que se puede trabajar sin entrar en obstáculos epistemológicos.
Los estudios históricos que se han abierto a estas nuevas formas de tratamiento teórico y metodológico se han inscrito dentro de la historia cultural, teniendo como una de sus principales características el uso de estudios de caso que han permitido ejemplificar procesos culturales que van más allá del encerramiento de objetos de investigación en límites geográficos que cada vez son más cuestionados en cuanto a su real uso y el encasillamiento de culturas en espacios no flexibles.
En este sentido, una de las propuestas teóricas más pertinentes en la formulación de estudios en historia cultural ha sido la hecha por Roger Chartier quien ha encontrado que las fronteras geográficas impuestas por la escuela de anales en sus primeros estudios, no respondían al real sentido de estas, en otras palabras, se intentó hacer investigaciones culturales dentro de fronteras impuestas por elementos políticos, sociales, económicos que poco tenían que ver con el verdadero horizonte cultural. Para tratar de eliminar esta dificultad epistemológica Chartier propuso considerar las fronteras culturales dentro de grupos pequeños que no necesariamente están relacionados con las fronteras geográficas, esto basado en conceptos analíticos como la representación, la apropiación y la circulación.
Según esta propuesta esas herramientas ayudan a entender como algunas ideas se aceptan, se rechazan o se transforman por los diferentes grupos culturales, así la representación, la apropiación y la circulación varían según el grupo cultural que intérprete éste mismo. Para Chartier, el trabajo del historiador se inicia en el momento en el que se historiza el objeto de estudio, ejercicio que ayuda a ubicarlo dentro de un contexto amplio y que entiende que este no es una abstracción, el objeto está enmarcado en un espacio y una temporalidad, como así también lo están sus intérpretes, en palabras de Chartier el objeto “también se puede entender a través de una representación, una voz que habla, una representación de texto que da a entender el texto. Integra la materialidad fundamental históricamente variable y las determinaciones socioculturales también históricamente variables[1]”.
Siguiendo este orden la representación entonces se constituye en el reconocimiento amplio de una serie de relaciones que identifican a un grupo cultural, pues no existe actividad realizada por el hombre que no haga parte de una representación, estos, dentro de las dinámicas diarias realizan una apropiación del medio que los envuelve y que les permite hacerse dueños o rechazar algunos elementos que les rodean. Así por medio de la representación se logra darle un sentido propio a su espacio y apropiarse de elementos discursivos y físicos que lo configuran y lo ubican dentro de un grupo cultural.
Todo este planteamiento permite analizar los discursos, no solo los escritos, de una manera realmente amplia, teniendo como herramienta principal la representación, así los objetivos pueden estar reducidos a entender como un grupo cultural se representó algunas ideas y evaluando como se apropió, en términos del uso y de las practicas concernientes a este mismo, para llegar a un punto final en el que se centrará en el análisis de la circulación de estas mismas dentro del contexto del grupo cultural.
Desde esta postura epistemológica se puede realizar una propuesta de análisis de acerca de algunas de las obras de Pedro Nel Gómez para intentar encontrar un punto en el que se puedan generar nuevas formas didácticas que acerquen la historia a las personas que las estudian y que no se sienten a gusto con algunas de la metodologías de enseñanza tradicionales.
Para empezar, una de las condiciones que deben generarse a aquellas personas que se acercan a la obra de Pedro Nel es permitirle interesarse por el periodo y el espacio que contextualizan la obra del maestro, así, se comienza por el periodo tardío del siglo XIX y la guerra de los mil días, situación que generó fuertes cambios en la vida de este personaje, llevándolo a la ciudad y dándole la oportunidad de educarse en dos de las instituciones más prestigiosas del momento en Medellín. En este mismo espacio de tiempo donde la política conservadora fue hegemónica en Colombia el maestro viaja a Europa donde inicia un proceso de educación con grandes pintores del momento que logran enseñarle técnicas únicas como la pintura mural al fresco. Más adelante, el maestro se dedica a dar clases en la Universidad Nacional de Colombia en la carrera de ingeniería civil, ingresos que le permiten seguir teniendo los materiales necesarios para continuar con sus trabajos de pintura. En todo este contexto suceden al maestro algunas situaciones interesantes que le dan fuerza como pintor, entre ellas la pelea con Eladio Vélez y Débora Arango pero quizás la más importante es la censura que sufre por parte de uno de los alcaldes de la ciudad de Medellín que manda a tapar todas sus pinturas y le prohíbe pintar en lugares públicos, esto lo convierte en un sujeto lleno de misterio, impulsándose como algo desconocido e interesante para el ciudadano común.
En esta línea de sentido, pensar en la educación del maestro se convierte también en algo a destacar, su capacidad para enfrentar dos carreras profesionales y la posibilidad de pagarse los estudios hablan no solo de su fuerza como estudiante empedernido sino de la economía familiar que al parecer resultaba ser lo suficientemente buena para brindarle esas oportunidades.
Después de contextualizar debe hacerse algo que resulta bien interesante, conocer toda la obra del maestro o por lo menos una gran cantidad para poder así determinar parámetros y características que lo representan como individuo y en general como artista, así lo que se permite es ver algunas formas que cambian y algunas tendencias que se mantienen en sus trazos y en la representación de sus personajes, que de seguro permiten identificar su postura liberal partidista en un primer momento y su desvinculación política en otro periodo.
Así de esta manera la enseñanza de la historia puede resultar mucho más digerible para personas que suelen interesarse por elementos didácticos más visuales y que permiten generar procesos de concentración más agradables para algunas mentes fácilmente distraibles o que constantemente se sienten poco interesadas por la historia y por los procesos que existen detrás de todas las letras y los libros de miles de hojas que nos muestran el pasado.
[1] Chartier, Roger. Representaciones y prácticas culturales en la Europa moderna. Una conversación con Roger Chartier. Pág. 32.
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